23 feb 2008

Ayer se lo dije a Takai: estoy al borde de una crisis. Lo percibo, ya he tenido dos crisis antes, a los 20 y a los 22, y ya tengo una ideilla de cómo empiezan. La crisis de los veinte fue por el cruel descubrimiento de que jamás iba a tener una familia normal, y la superé por el mero hecho de dejar de pensar en eso, porque lo que es solucionarse, no se ha solucionado y no se va a solucionar. La crisis de los 22 está causada por un tío. LV, lo llamaba yo, era un chaval de la biblioteca que me tenía pillado. Su presencia me recordaba lo complicado que iba a ser para mí romper mi soledad. En este caso la solución fue mucho más drástica, dejé de ir a la biblioteca, en severo detrimento de mi rendimiento académico.
Y ahora se avecina otra crisis, lo percibo. Y me encantaría encontrar la manera de evitarlo, porque es un estado anímico que me deja hecho fosfatina, me jode el buen ánimo que suelo tener, y repercute en la gente que me rodea. Hoy ya he estado de mal humor, algunas pequeñas cosas me han jodido el día, y son lo bastante pequeñas como para que normalmente no me hubiesen importado, pero hoy ya ven. ¡Ay!

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